La Piedra

No es para nada extraño que hoy se asocie el simbolismo de la piedra solo y únicamente a ese vestigio casi cadavérico que queda de la masonería. Si bien hoy día, y como afirma Evola, la masonería es un compendio de símbolos de diferentes tradiciones, que muy pocos de sus miembros son capaces de verdaderamente comprender, el simbolismo de la piedra sea quizás el que, junto con el compás y la escuadra, pueda remontarse, en su importancia, hasta la Masonería operativa medieval, la cual daba un fuerte significado y componente cristiano.

Construcción de un arco. Cantigas de Santa Maria de Alfonso X el Sabio

Cristo y la Piedra

Es así como el Aposto Pablo se refiere al alimento o bebida espiritual, esa piedra espiritual que él dice era Cristo “ hi petra de in ho Christos”. Esta afirmación de San Pablo se enmarca en la más autentica tradición hebraica. Por eras se ha asimilado al Señor como la piedra o la roca y desde esta se ha dicho que los israelitas bebieron “ De la Roca que te creó te olvidaste; Te has olvidado de Dios tu creador”[1]. “…mirad a la piedra de donde fuisteis cortados y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados”[2] este simbolismo de la piedra esta también relacionado al Mesías. “ por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.”[3]

Es aplicado al mesías por San Pedro  (1era de Pedro2: 5-6 y Pablo romanos 9: 33) y esto está todo atado a que en el simbolismo cristiano en la piedra subyace el hecho que en hebreo la palabra designada es aben ( que se pronuncia Eben), que enfatiza en su pronunciación la palabra ben, que significa hijo. Si vemos el valor numérico de aben y el de dabar, que significaría para nosotros en el marco de las escrituras el Verbo, se obtiene por reducción el valor de 8, el número del espíritu, pero también con su triple repetición, 888, es el nombre de Jesús en griego IHCYOC.

“Así Cristo es simultáneamente la piedra angular ( shethiyah) o piedra fundacional (ros ha-pinnah, en hebreo). La piedra fundacional es cubica y el terreno en la arquitectura simboliza la tierra; entonces en el plano espiritual este es el Verbo en el mundo. La piedra angular, o la piedra clave de bóveda, situada en la cumbre del templo tiene un aspecto celestial y representa a Cristo glorificado, sentado en la derecha del Padre y ‘completando la construcción’ de la iglesia. En el Templo, la piedra angular en la bóveda, o la clave de bóveda, ‘la cumbre del ángulo’, corresponde a la piedra shethiyah ubicada abajo en el altar. Las dos piedras estan situadas en la misma línea vertical, la cual es el ‘pilar axial’. Este pilar es ‘virtual’, en el sentido es que este no está “personificado” ( excepto en el caso de llave de bóveda colgante, el cual constituye el inicio de la personificación) el cual no lo previene de jugar un rol primordial, ya que es alrededor de él en que todo el edificio se posiciona, esto representa el eje del mundo”[4].

Cristo sobre la piedra

Es así como estas dos piedras, inicio y fin, alfa y omega, fundamento y cúspide, se da forma al eje que es el camino, el camino que conduce al reino de Dios que en definitiva es Cristo.

Este mismo símbolo es repetido en el dosel o baldaquino, el cual  está constituido de un domo soportado en cuatro columnas, que nos recuerda la cuadratura del círculo de la que ya se nos habló en otra entrada, pero es también una pieza de importancia, más allá de lo “decorativo”, que debe cubrir el altar principal, su diseño básico es un cubo, las cuatro columnas, rodeado por un hemisferio, que es en si el mismo patrón del templo o santuario, del Templo y del Universo ( cielo y tierra).

Por tanto, junto con la piedra del Altar que es también el cuerpo de Cristo, junto con el pilar axial que como decíamos une las dos piedras que son también Cristo, es decir el altar con la clave de bóveda se convierte en la ‘puerta del cielo (janua coeli) y es esta la via de salvación similar a la escalera de Jacob. Cosmológicamente, este eje es el eje del Mundo, y teológicamente, es el Camino, es decir , Cristo mismo.

Volviendo por un momento a la piedra del altar. En el rito de consagración del altar, este es considerado el cuerpo de Cristo, pero a su vez es la piedra altar en que Jacob ungió con aceite luego de su sueño de la escalera de los ángeles. Este altar, en los tiempos del Cristianismo primitivo, era una piedra cubica de pequeña dimensiones, esta piedra es entendida como la piedra del sacrificio, es así su homologación como cuerpo de Cristo, tiempo después cuando se incorporó la tabla sobre la piedra del altar esta debía llevar el signaculum Christi, es decir “el signo de Dios o las cinco heridas que recibió Cristo en su sacrificio y que se colocan siempre cuatro pequeñas en las esquina y una grande en el centro siendo esta ultima la herida del costado que es igual a su corazón”[5], estas heridas eran por lo general representadas como cruces “ la razón para esa obligación de colocar el Pan y el Vino eucarístico, el Corpus Christi, sobre una piedra es muy evocativa. Se trata del monte del Calvario, cuando el cuerpo de Jesús fue calvado a la cruz, como si fuese estirado sobre la tierra, manos y pies traspasados por los calvos y el lado abierto por la lanza-un sacrificio como ningún otro, por el cual la misma montaña fue el altar-. Y es este el cuerpo con cinco heridas que las cinco unciones y las cinco cruces sobre la piedra del altar representan”[6]

Patena de la Eucaristia Iglesia de Gourdon (Francia) la cual presenta el Signaculum Domini – Siglo VI

El Cuerpo del Antropocosmo (Cristo, El Verbo, La Palabra) y la Piedra

Vale la pena mencionar que en el idioma del antiguo Egipto men.t, ‘muslo’, deriva de la raíz biliteral mn, ‘establecerse, fijarse, permanecer’. La raíz forma una serie de palabras que indican cosas permanentes y duraderas, como estatuas, monumentos y piedras conmemorativas (mnw). Aquí debe verse que “la conexión entre el hueso y la piedra es inherente a su mineralidad, lo que, para algunos alquimistas,  el mineral trata de la primera manifestación del espíritu y por lo tanto el fundamento de toda existencia manifiesta[7]. Esta conexión entre hueso y piedra y también estrellas (En muchos idiomas indoeuropeos, la existencia de lo mineral puede asociarse a las palabras que definen el “ser” como en el caso de asthi y asti en sánscrito, esti y osteon en griego, est y osteo en latín. Por otro lado, los étimos de origen indoeuropeo pueden asociarse con la naturaleza de las estrellas, en la medida en que a menudo se conciben como duras, sustancias minerales como en el caso del griego aster-, sidéreos, ‘hierro’, etc.) es de hecho arcaico y se encuentra afirmado en una amplia franja de mitos cosmogónicos y antropogónicos. Quizás el más notable de ellos es el mito panindeuropeo en el que los huesos del antropos primordial está homologados con piedras (fundacionales) en el cosmos. En las tradiciones indoeuropeas, la cosmogonía procede por la desintegración del antropos primordial, (que podemos visualizar como ese Adan kadmon de la cábala) cuyas partes del cuerpo se convierten entonces en la sustancia del cosmos; y a la inversa, la antropogonía procede por desintegración del cosmos, las diferentes partes del mundo formando las diferentes partes del cuerpo humano[8]. Esta interacción entre el antropos y el cosmos forma toda la base de la homología macrocósmica-microcósmica en el antiguo pensamiento o tradiciones, tal que antropos y cosmos son simplemente formas alternativas, o las dos caras, de una sustancia primordial, un punto que es profundamente coherente con la máxima hermética: “Dios tiene dos formas, el cosmos y el hombre”[9]. es suficiente con enfatizar que, en estas homologías mitológicas, los huesos sería una forma ( específicamente aloformas) de piedra.  El hombre no es un “producto” del universo ni un “modelo a escala” suya, sino que se le debe considerar como una encarnación, su «esencia» encarnada en una forma física. Con todo lo expuesto se puede reconocer la razón de la encarnación y como el simbolismo de la piedra se hace un claro referente

El hombre como patron y medida del universo. Visión del cuerpo humano de Santa Hildegarda de Bingen

Un precepto tan antiguo como la sabiduría dice: «toda cosa y todo ser contiene un núcleo fijo que ni la putrefacción ni el fuego pueden destruir» En el reino vegetal es en las cenizas que siempre conservan este núcleo como una sal alcalina. En el reino animal se encuentra en los huesos. En el hombre esta particularmente en el fémur, de allí nace la antigua costumbre de cruzar los fémures bajo el cráneo, para mostrar y conservar, a través de la muerte del cuerpo, los elementos de supervivencia y renacimiento. Es a este mismo núcleo al que los alquimistas de todos los tiempos llaman la piedra.


[1] Deuteronomio 32:18

[2] Isaias 51: 1

[3] Isaias 28 : 16

[4] Hani, Jean. The Divine Liturgy. SP press 2004

[5] L. Charbonnea lassay. The Signaculum Dominis

[6] Lassay.

[7] Este punto ha sido nuestro colaborador Jhon Carrera quien me lo ha comentado, gracias a sus estudios de la obra de Schwaller de Lubicz, además clarificó que dicho hermetista ideo para esto el termino de capacidad astringente , de esto habla nuestro colaborador brevemente en la entrada Función, Números  y Neter

[8] Bruce LINCOLN, Myth, Cosmos, Society. HUP 1986

[9] Corpus Hermeticum, Asclepius

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